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Deslizado, disuelto y aflojado (II) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Jesús Conde Vázquez, Sociólogo   
Lunes, 14 de Mayo de 2012 16:09

 

De Tharsis venían Manolita y Carlos; de Sevilla Rosa y Pepe, Encarna y Rafael, Pura y Paco; de Toledo Maru, Manolo y la abuela Rosario, Lucía y Julio; de Madrid Loreto y Carlos, Lili y Manolo; de Isla Luci y Pepita. Y nosotros, una variopinta tropa de hijos: Carlos, Charo y Fernando Cañadas; Pepe, Joaquín, Fernando y Juan Carlos Rubio; Erka; Paco, Pura, May y Rafael Gallinato, y también Re­yes; Jose, Maru, Nando, Inma y Yolanda Castillo; Julio, yo mismo y Marisa Conde; Loreto y María Rocha.; las hermanas Pimentel. Y también Mari Carmen, la novia de Pepe; Sunci, la novia de Paco y Ana, la mujer de Julio y Joaquín novio entonces de Charo. Y algu­nos más que injustamente olvido.

Grupo heterogéneo donde los hubiera. Un poco de atención y nos rendíamos a la probable reencarnación de Séneca en la persona de Rafael, pegado a su cotidiano ABC; allí en fin, la ele­gante ironía de Encarna; la mesu­ra y la cordialidad de Pepe Rubio con su aire lord inglés, ante el que tuve que cuadrarme al presentarse en Campo Soto –donde yo estaba entonces destinado- como Coro­nel Rubio; el buen humor de María Eugenia; el optimismo de Manoli­ta y Carlos; la sencillez de Pura; la calidez de Rosa; los paseos de Julio y sus coquinas; la serena presencia de Rosario; la tranquila felicidad de Lucía, las palabras de Carlos Ro­cha, la discreción de Manolo y Paco, la grata presencia de Luci, Pepita y Loreto y tantas cosas. Nada pasaba inadvertido a los más jóvenes, aten­tos siempre a lo que se cocinaba.

La temporada comenzaba con la publicación en La Higuerita de la llegada de los veraneantes, noso­tros. De eso se encargaban las in­efables Mari Carmen y Paloma. Y sin más dilación, a la playa, donde cada año repetíamos las habituales: ¿Cuándo habéis llegado? ¿Qué casa tenéis este año? Exentos de otras tareas, nos aplicábamos en pasarlo bien, sin otra pretensión que lle­nar los días con sol playa y la mejor compañía. El rato en la playa era sagrado. Al poco, el asentamien­to cambiaría por otro en la Casita Azul. Ya entonces preferíamos es­tar algo más alejados pero más so­los, palabra que, ahora, allí, no tiene significado. Sin necesidad alguna de coordinación las familias llega­ban en torno a la misma hora, todos sometidos a los mismos rituales de la sombrilla, las sillas, las toallas, el primer baño. Y nosotros los más jó­venes a la charla, a los paseos, a las olas, a los baños, a las coquinas, a los niños las niñas, y viceversa, a la guasa, que es un deporte que entre­tiene mucho. Y a quedar para hacer algo por la tarde.

Salíamos pronto, para cualquier cosa: ver un partido en el colegio, más playa, tomar un café con Car­los Rocha y Juan Carlos en el Gran Vía- que no olvidaré- y quién sabe qué. Después, cenados o no, salía­mos más formalmente. Y “vesti­dos”. Las chicas, ni que decir tiene. Nosotros, también, nada de tenis, camisetas o chanclas. A veces unas tapas en el venerable Crisanto, una raya al pimentón en el puerto o un chocos fritos en el bar Gon­zalo. Mucha plaza, mucho puerto, muchas bellísimas y purpúreas puestas de sol, poco consumo y menor presupuesto. Tampoco ne­cesitábamos más. Una excursión al parador de Ayamonte, jugar allí a las películas, y mucha casa de los Gallinato, donde nunca sobrába­mos, donde siempre terminaba sonando el gastado disco de Em­manuelle. Los cines de verano, y siempre alguna fiesta para celebrar alguna cosecha especial de coqui­nas o longuerones. Y muchas más cosas que espero que los lectores añadan.

Soy poco partidario y nada aficionado a la nostalgia, aunque sepa que dolorosamente muchos de los que cito ya no estén con no­sotros -he tenido que escribir aquí para saber que Sunci se fue; vivi­rás, como mínimo, en nuestros co­razones, siempre. No necesitamos construirnos trampas emociona­les para reconocer un episodio de nuestras vidas del que orgullosa­mente podemos presumir.

Fue real. Realmente bueno. Y los de entonces, ahora, solo nece­sitamos una llamada. Simplemen­te lo que cantaba entonces una de las grandes, Carole King: You just call out my name…you’ve got a friend.

Pueden seguirme en mi blog: http://jesuscondedice.blogspot.com.es/

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