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Los santos inocentes PDF Imprimir E-mail
Escrito por Paco Chávez   
Domingo, 15 de Enero de 2012 09:30

Miguel Delibes, creo una obra literaria, así titulada, que llevada al cine, éste la recreó con tanta fidelidad, que aun nos enamoramos más de su novela.

Sírveme de pie haber co­nocido por experiencia, allá en mi tierra extremeña, esos rasgos tan bien definidos de cada uno de sus personajes de una época, afortunadamente ya pasada, para meterme a re­flexionar sobre lo que hoy nos acontece; porque, al fin, todos somos unos santos inocentes de esta época del siglo XX y XXI. En aquella, los ricos o latifundistas, también llama­dos caciques, eran quienes mandaban y mangoneaban, abusando de los más débiles o pobres. Y ahora los salvado­res del mundo, enarbolando la bella bandera social y del progreso, los políticos de toda clase, se han hecho dueños de la pasta, y nos han llevado al momento actual. Como dice el refrán: el mismo perro con distinto collar; pues al fin y al cabo el sujeto es el mismo: el hombre.

Ante una crisis, que pare­ce nos desborda a todos, pues como leí hace años, cuando aparece una crisis de gran magnitud en el mundo, afecta a todos los ámbitos donde el hombre se desenvuelve; todos debemos iniciar un examen de conciencia para ver en qué hemos podido equivocarnos, y como consecuencia, cuál es el grado de responsabilidad que nos atañe.

Ante la facilidad que tene­mos para culpar a los otros de lo que nos ocurre a los demás, hemos de recurrir a un auto examen profundo para que nos encontremos a nosotros mismos en nuestras acciones personales. Y, consecuente­mente, nuestra particular cul­pabilidad.

Indudablemente, existen factores externos que influyen de manera activa sobre nues­tros comportamientos; los cuales de manera sutil se nos introducen en nuestras costum­bres y llegan a generar lo que hoy se denomina, dependencia. Y llegada esta, cuesta la misma vida saltar sobre ella, sobrepo­nerse a cosas que directamente nos perjudican. Han penetra­do en nuestra existencia bajo el señuelo de grato, y nos hemos dejado llevar como en las alas de una mariposa.

El existencialismo, padre del hedonismo; vivir por vivir, y el disfrutar, o el placer como base de ese vivir. Son el soporte base, entre otros, del materialismo imperante; que solo cuentan los bienes materiales y el placer in­mediato.

El ser humano comúnmente, toma lo que le que es más fá­cil, lo que tiene más a la mano, sin prejuzgar la bondad o mal­dad que le llega envuelta en el papel de regalo. La sutileza es más fuerte que la realidad; la insinuación más que la propia provocación. La primera entra sin más, hasta el hondón. La segunda, puede de inmediato contar con el rechazo; aunque al fin, sea aceptada.

La sociedad está embargada en todos los valores hasta las cejas, a cuenta del materialis­mo. Todos estamos esclavizados por el consumismo; podamos o no, ahí hemos picado todos. Al asalto del consumo nos han “ayudado” los ejemplos de los de arriba, a quienes hemos queri­do imitar para conseguir lo que ellos han obtenido, sin impor­tarnos los medios de que hicie­ron uso, las artimañas y abusos de la influencia. Lo importante era arribar al mismo puerto, para obtener las mismas pre­bendas, y vivir del cuento.

Nuestra deseducada conduc­ta de la austeridad, genera un ablandamiento o debilidad por el que se filtra, de inmediato, la aceptación de cuanto aparezca ante nuestros ojos. Acostum­brados por las mieles de los bie­nes, estamos abocados a tomar y aceptar cuanto se nos presente. Y acaparar cuantos más bienes, mejor. Ya hemos caído en el señuelo de lo fácil, lo breve y lo placentero. Somos prisioneros, a partir de ahí, para hacernos esclavos de por vida.

¿Cómo es posible, nos pre­guntamos, que una sociedad de bienestar, donde un peón de albañil ha llegado a ganar hasta 3000 euros al mes, de la noche a la mañana quede atrapada por la ruina?

¿Qué hemos hecho tan mal para que todas nuestras cuentas nos den el saldo ne­gativo de una mala adminis­tración?

¿Quiénes nos guiaron por esta selva de locos? ¿No hubo nadie que nos dijera que las vacas tienen épocas buenas y malas?

O ¿solo nos dedicamos a comer y a vivir, a disfrutar y a tirar, como si la vida se nos fuera al otro día de la mano?

Sin duda, no hemos sido capaces de tomar conciencia de que todo es relativo, que los años nos van quitando días del almanaque de nues­tra vida. Y que lo que es hoy, mañana puede serlo o no.

Ante este panorama, no podemos dejar paso al pesi­mismo, porque es peor que no afrontar con valor los tiempos de la carestía. Hay que supe­rar las angustias; y saber que tras la noche, viene un nuevo día.

Es cierto que el orden de la sociedad tiene su propio organigrama, su propia pi­rámide, que es la que tiene la responsabilidad de asistir al mantenimiento del orden y administrar, bajo una justicia precisa, los bienes que su so­ciedad produce y demanda.

Es preciso que quienes asumen el poder, lo lleven a cabo con probada capacidad y reconocida rectitud, para gobernar. Para que la digni­dad, que es el cimiento de la equidad, brille por encima de cualquier interés personal

Pero todos, todos hemos de arrimar el hombro para salvar el presente, que no es sino, la antesala del futuro. Nuestros hijos, nuestros nie­tos, nos lo demandan. Y la sociedad, nos lo exige.

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