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Expondré, en dos números de este periódico, una realidad que hemos podido observar en las últimas décadas en una buena parte de las ciudades que llegaron a tener cierto peso: la mayoría de las capitales de provincia y muchas poblaciones con más de 50 mil habitantes.
¿Qué es lo que ha sucedido?
Pues que tras un fuerte crecimiento demográfico (normalmente iniciado desde comienzos del siglo XX), llegó un momento en el que la ciudad empezó a perder habitantes en favor de su periferia, creándose así las llamadas conurbaciones, que se asientan en las denominadas áreas metropolitanas.
Las ciudades se han ido comportando coma si fueran una pared blanda, mullida, a la que se le tiran “pelotas de tenis”. Durante mucho tiempo esas “pelotas” quedan atrapadas -abrigadas- en la pared blanda, no experimentando rebote, o sea sin retornar al lugar de origen. (Gentes que iban a la ciudad en busca de mejoras de todo tipo y allí se quedaban). Pero, con el tiempo, y a base de “pelotazos”, la pared se fue endureciendo, haciéndose más compacta, y ya no admitió más pelotas, provocando el rebote de éstas hacia zonas próximas sin que tampoco regresaran a su lugar de origen. Es decir, a partir de un determinado momento la ciudad ya no acoge a más gente porque ha dejado de resultar interesante: rebota población hacia el territorio periférico, creándose las antes llamadas conurbaciones.
En este número del periódico he hecho una somera definición del tema, paso a expresar algunos ejemplos:
Sin ir más lejos tenemos el caso de Huelva. Desde que se inició el siglo XX hasta los años noventa de ese siglo, multiplicó por siete su población, llegando a los 145 mil habitantes. Bueno pues después de veinte años resulta que empieza a perder población. En el último censo se han contabilizado 143 mil.
Paralelamente a esta realidad se ha ido produciendo un crecimiento sin límites de los municipios del entorno más inmediato, especialmente de Aljaraque, auténtica ciudad dormitorio, que en 40 años multiplicó por cinco su población. No muy lejos están otros municipios dentro del entorno de la capital: Gibraleón, Palos, Moguer o Punta Umbría. Así es que entre Huelva y su entorno existe hoy una población de más de 150 mil habitantes y esta realidad tiene toda la vocación de “área metropolitana”.
En el caso de ciudades mayores el tema es más fuerte, tanto más cuanto mayor sea la ciudad principal.
Así pues tenemos fuera de España, pero dentro de la Península Ibérica, el caso de Lisboa: en los años 80 del pasado siglo pasaba de los 800 mil habitantes; hoy apenas supera los 450 mil. En cambio se ha generado un área metropolitana con ciudades como Sintra, Cascais, Estoril, Loures, Montijo y otras, que en conjunto se acercan a los dos millones de habitantes.
En casos como Sevilla, Madrid o Barcelona, han sucedido cosas parecidas pero a mayor escala. Se han producido auténticas colmataciones del territorio sin solución de continuidad entre los diferentes términos municipales. En el caso de Barcelona se da el caso de que en una calle una acera pertenece a la misma Barcelolna y la otra a Hospitalet, algo impensable años atrás.
En el próximo número intentaré hacer un análisis crítico de este fenómeno, que no es ni bueno ni malo, es simplemente una realidad de nuestros días.
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