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El efecto rebote en las ciudades (I), artículo de Alfonso M. Chacón PDF Imprimir E-mail
Escrito por Alfonso Martínez Chacón   
Domingo, 15 de Enero de 2012 09:30

Expondré, en dos números de este periódico, una realidad que hemos podido observar en las últimas décadas en una buena parte de las ciudades que llegaron a tener cierto peso: la mayoría de las capitales de pro­vincia y muchas poblaciones con más de 50 mil habitantes.

¿Qué es lo que ha sucedido?

Pues que tras un fuerte cre­cimiento demográfico (nor­malmente iniciado desde co­mienzos del siglo XX), llegó un momento en el que la ciudad empezó a perder habitantes en favor de su periferia, creándose así las llamadas conurbaciones, que se asientan en las denomi­nadas áreas metropolitanas.

Las ciudades se han ido comportando coma si fueran una pared blanda, mullida, a la que se le tiran “pelotas de tenis”. Durante mucho tiem­po esas “pelotas” quedan atra­padas -abrigadas- en la pared blanda, no experimentando re­bote, o sea sin retornar al lugar de origen. (Gentes que iban a la ciudad en busca de mejoras de todo tipo y allí se quedaban). Pero, con el tiempo, y a base de “pelotazos”, la pared se fue endureciendo, haciéndose más compacta, y ya no admitió más pelotas, provocando el rebote de éstas hacia zonas próximas sin que tampoco regresaran a su lugar de origen. Es decir, a partir de un determinado mo­mento la ciudad ya no acoge a más gente porque ha dejado de resultar interesante: rebota población hacia el territorio periférico, creándose las antes llamadas conurbaciones.

En este número del periódi­co he hecho una somera defini­ción del tema, paso a expresar algunos ejemplos:

Sin ir más lejos tenemos el caso de Huelva. Desde que se inició el siglo XX hasta los años noventa de ese siglo, mul­tiplicó por siete su población, llegando a los 145 mil habi­tantes. Bueno pues después de veinte años resulta que empie­za a perder población. En el último censo se han contabili­zado 143 mil.

Paralelamente a esta reali­dad se ha ido produciendo un crecimiento sin límites de los municipios del entorno más inmediato, especialmente de Aljaraque, auténtica ciudad dormitorio, que en 40 años multiplicó por cinco su pobla­ción. No muy lejos están otros municipios dentro del entorno de la capital: Gibraleón, Palos, Moguer o Punta Umbría. Así es que entre Huelva y su en­torno existe hoy una población de más de 150 mil habitantes y esta realidad tiene toda la vocación de “área metropoli­tana”.

En el caso de ciudades ma­yores el tema es más fuerte, tanto más cuanto mayor sea la ciudad principal.

Así pues tenemos fuera de España, pero dentro de la Pe­nínsula Ibérica, el caso de Lis­boa: en los años 80 del pasado siglo pasaba de los 800 mil habitantes; hoy apenas supera los 450 mil. En cambio se ha generado un área metropoli­tana con ciudades como Sin­tra, Cascais, Estoril, Loures, Montijo y otras, que en con­junto se acercan a los dos mi­llones de habitantes.

En casos como Sevilla, Ma­drid o Barcelona, han sucedi­do cosas parecidas pero a ma­yor escala. Se han producido auténticas colmataciones del territorio sin solución de con­tinuidad entre los diferentes términos municipales. En el caso de Barcelona se da el caso de que en una calle una acera pertenece a la misma Barcelol­na y la otra a Hospitalet, algo impensable años atrás.

En el próximo número in­tentaré hacer un análisis críti­co de este fenómeno, que no es ni bueno ni malo, es simple­mente una realidad de nues­tros días.

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Última actualización el Viernes, 13 de Enero de 2012 17:59
 

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