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En primer lugar quiero felicitar el año 2012 a los lectores, colaboradores, redacción y dirección de este veterano periódico.
Cuando nuestro director, Rafael López, me propuso escribir a finales del verano de 2007, no pude por menos que acceder con el mayor empeño e ilusión. Me dio la oportunidad de hacer algo relacionado con nuestro pueblo: escribir en el decano de la prensa onubense. Fue y es para mí todo un reto, pues, todos y cada uno de mis artículos, han supuesto un trabajo de información, de asimilación y de adaptación a un tamaño del formato que me ha sido adjudicado.
He tratado temas relacionados con la arquitectura y el urbanismo, con carácter local y general, y volveré a hacerlo en lo sucesivo. Siempre tendré el máximo respeto a mis colegas, hoy sumamente afectados por la crisis, así como a otros colectivos del gremio de la construcción.
También he sacado temas relacionados con las costumbres y los personajes locales, contando siempre con el consentimiento y asesoramiento de sus familiares y allegados. Estoy por la labor de seguir en ello, especialmente con temas y personas de la mar. Considero que muchos, entre ellos yo, tenemos una deuda moral con esos que han sido y son los verdaderos artífices del engrandecimiento de este pueblo en su corto pero rico pasado histórico.
En otro orden de cosas, he sido muy belingerante en temas sumamente dañinos para esta sociedad de hoy. Sin apuntar a nadie en concreto y sin eximirme de posibles culpas, me siento entre los indignados del 15M, de lo que no me he ocultado, ni en mis actos de presencia, ni en artículos publicados anteriormente. Porque para la indignación no hay edad, ni nada semejante. No es solamente un derecho, es un deber que, con el tiempo hemos de ir canalizando. Entiendo que estamos en el comienzo de un final, ese final que ha de tener el actual sistema que ya nos ha enseñado su lado más perverso: crisis económica y de valores morales, intelectuales e ideológicos. Necesitamos creer en lo que creíamos antes.
Soy consciente de que no siempre he conectado bien con algunos lectores, lo sé reconocer, pero, cuando se abordan temas que son comprometidos, eso es lo que suele ocurrir. Evidentemente, quien no aborda ciertos temas que puedan ser delicados, no se expone a nada. Sin embargo, en mi caso, y aún cuando voces amigas me invitasen a lo contrario, no me pareció que lo mejor fuese obviar y silenciar, sino exponer aquello que estimé más oportuno, pues, paralelamente a lo que pudieran tener de subjetivo, también tuvieron su parte objetiva y su interés general.
Pues bien, después de lo expresado en este artículo, a modo de presentación del año 2012, repito mi felicitación del comienzo de estas líneas.
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