|
Por aquellos años el urbanismo empezó a ser un problema en la mayoría de los municipios. Las ciudades, aún con escaso desarrollo, tenían que crecer, renovarse y ordenar el territorio, al menos dentro de cada término municipal, todo ello como necesidad de adaptación a los nuevos tiempos. Ya, al iniciarse la década a que me estoy refiriendo, se habían producido importantes actuaciones en nuestro municipio, cito las que considero de más transcendencia: -La unión del núcleo principal de la población con la siempre aislada Bda. de la Punta del Caimán, mediante la prolongación de la Gran Vía. -La creación de la calle Armada Española en el lugar donde estuvo el antiguo edificio del Ayuntamiento. -La ampliación del casco urbano por el S.E. con la aparición de la calle Extremadura y las barriadas de promoción pública del Carmen y del Rosario. - La creación de Urbasur como urbanización de segunda residencia. Ya iniciada la década, se enajenaron una serie de parcelas municipales en la zona E. de calle España en las que tuvieron lugar importantes promociones plurifamiliares privadas y públicas. Esta actuación supuso un quiebro de la mencionada calle, muy criticado entonces, pero que supuso una fácil conexión con el nuevo acceso por la zona de levante. Este acceso no fue otra cosa que la actual carretera de conexión con La Antilla.
Pero todas estas actuaciones fueron aisladas, sin responder a Plan, Norma o Programa. Con todo ello se le cerró la puerta al turismo y a buena parte del bienestar de la población. Por ello la ciudad no podía extenderse, estando su escasa dinámica urbanística reducida a la renovación del caserío antiguo con mayores aprovechamientos Las licencias de obras se otorgaban, dentro de la máxima honradez, pero en base a: a) Unas ordenanzas locales que nunca tuvieron tramitación legal alguna y b) Ciertas directrices de un Plan General, que llevaba años en redacción, pero que no pasó de una inadecuada aprobación inicial al final de la década. Esta falta de planeamiento trajo consigo una renovación del caserío antiguo escasamente acertada. Entre otras razones porque no había manera alguna de proteger los edificios que tuvieran cierto interés patrimonial. Pero a esa carencia de normativa urbanística había que añadir otra: la de infraestructuras y equipamientos. Por tal motivo, el entonces Ministerio de la Vivienda amenazó con tutelar las licencias de obras al ayuntamiento si no se redactaba y aprobara alguna norma urbanística de ámbito municipal.
Por ello a finales de 1977 aparece la aprobación inicial del antes mencionado Plan de Ordenación Urbana, que no fue mas que un cúmulo de disparates, por lo que llovieron las alegaciones, no pudiendo ver la aprobación provisional por parte del ayuntamiento isleño hasta la entrada de la primera corporación democrática. No vió la aprobación provisional hasta 1981. Con esta situación solo se consiguió dar un espaldarazo al turismo, por las carencias de planeamiento y de las más elementales infraestructuras y equipamientos. No solo por motivos económicos sino por falta de suelo las necesidades de viviendas no cubiertas fue otro de los problemas que en aquellos años se produjeron. Si bien Isla Cristina era el municipio mas poblado después de la capital de la provincia, distaba bastante de ser el mejor dotado en temas urbanísticos. La ausencia de planeamiento urbanístico y, por tanto, su ejecución y desarrollo impidió durante años al ayuntamiento disponer de las cesiones de terrenos para equipamientos y dotaciones. Existió, pues, bastante desnivel entre el peso demográfico, económico y ambiental respecto a las posibilidades de desarrollo urbanístico. Otro tema a tener en cuenta fue la aparición de la Reforma de La Ley Sobre Régimen del Suelo y Ordenación Urbana de 1975. Supuso fuertes limitaciones para aquellos municipios carentes de planeamiento, como fue nuestro caso, la más fuerte fue la de no permitirse mas de tres alturas La década de los 70 del siglo pasado fue para nuestro pueblo toda una serie de despropósitos en el terreno del urbanismo.
 |