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De sal y arena PDF Imprimir E-mail
Escrito por Augusto Thassio   
Lunes, 01 de Febrero de 2010 01:00

Isla Cristina está de fiesta.
La niña del carnaval, aquella niña vestida de sal que danzó en nuestras orillas, en los primeros albores de nuestro asentamiento como pueblo, ha vuelto a bailar, frenéticamente hermosa, al compás de las olas que bañan nuestro litoral.
Carnaval..., la "fiesta de las mujeres que no han de esperar otro año (afortunadamente dicen) para tener pareja, disfrutes y amores", como canta nuestra antigua jotilla. Carnaval..., carnaval de la sal, de la gracia, el arte y el ingenio de Isla Cristina...
Pero, la sal, la niña y las mismas carnestolendas se han sorprendido del triste estado que presentan nuestras playas. Y es que, tras el 18 de diciembre del pasado año, Isla Cristina, al abrir sus atemorizados ojos, comprobó que más de un millón de metros cúbicos de su arena habían desaparecido. No sólo fue aquí, pero compartir la adversidad no es consuelo. Los vendavales se empeñaron en castigarnos incomprensiblemente, sin darnos cuartel, sin piedad y sin remordimientos...

Después de las lluvias sobre el agua mojada de la mar, nuestras playas quedaron convulsionadas, deshechas, dolorosamente desarenadas, ofreciendo el triste espectáculo de un escenario roto a causa de la lucha de dioses paganos, señores de los mares, del cielo y de los vientos... Nuestros ojos no dieron crédito a la visión terrible, al ahogado rumor de ayes y silencios que, sin comprender los motivos de tanta sinrazón y tanto ensañamiento, recorrieron el vacío de las descarnadas orillas que la desaparecida arena había dejado en la ajada hermosura de nuestras playas.
¿A dónde se fue la arena, aquella que guardaba las huellas, nuestras huellas de tantos morenos momentos premeditadamente ociosos?
¿Qué ocurrió realmente? ¿Se dejó arrancar de cuajo como los besos que el desamor arranca de los fondos del sentimiento, para lanzarlos al viento de los turbios reproches? ¿O fue arrebatada por el canalla capricho del mal tiempo que el vendaval, dañino y mercenario, manda hacer cuando le viene en gana?
No sé. Como si de un ciclo estacional se tratara, el robo de la arena de nuestras playas ha vuelto a dejarnos con " las patas colgando", boquiabiertos, incapaces de explicar para qué tantos esfuerzos anteriores y tanto agotamiento en reponer las dentelladas de arena que el vendaval se llevó (para después abandonarla en anónimos bajos) en el miedo ancestral de nuestra historia.
Lástima de ilusiones y de imagen... En cerca de dos millones de euros se han evaluado los daños..., pero no se ha podido cifrar el dolor y el desconcierto. Y ese millón de metros cúbicos de arena han de molestar al mar en sus bolsillos... y a las corrientes que chocan contra piedras descolocadas...
En las manos de la Subdelegación del Gobierno y Costas está la manzana, la varita mágica, el exorcismo para que el entorno vuelva a la belleza serena, espléndida y radiante de nuestras playas.
Nos consta que María Luisa Fanega está haciendo lo imposible por lograr el esforzado milagro, por conseguir dinero, arena y sal... para que la niña de la alegría, la del carnaval, la de salero, el arte y el ingenio continúe danzando en las orillas de nuestras playas anunciando que el carnaval, nuestro admirado e imitado carnaval, inunda los rincones de los más festivos sentimientos ancestrales de nuestro pueblo. A pesar de las desgracias..

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