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Nada. Los ojos como platos y la boca entreabierta y bobalicona. Suspiros conformistas: la suerte lotera, una vez más, nos ha vuelto la espalda y pasado, indiferente, sin siquiera darnos “una pedrada”.
Pero no importa, igual somos agraciados en el Niño. Lo mejor son las buenas predisposiciones y los mejores deseos para este año que entra inseguro y tambaleante.
Con los ojos orientados a la estrella que luce, invisible en el lugar histórico, pido al 2012:
Que el odio no llegue a ahogar a los hermanos, bañados en los rencores fieros de la separación caínica.
Que las residencias para mayores, por lujosas que parezcan, no sean cajas donde guardar el olvido, el desamor, el abandono y las falsas expectativas del “verás que bien te sientes allí, con personas de tu edad, y un televisor de pantalla gigante...”
Que el paro sea humo y como humo se disuelva en la nada, olvidando sus carrasperas de fiera cruel, sedienta de miseria y desesperación.
Que los marineros vuelvan a faenar, como héroes entre el cielo y la mar, y que su sacrificio será tenido en cuenta y recompensado con capturas que nada tengan que ver con convenios ni intereses políticos internacionales.
Que se resuelva definitivamente el problema de la chirla, equilibradamente, sin agobios para las familias de los chirleros, y se acabe con la injusta importación de bivalvos desde Italia y Japón, empeñados en jodernos tapándonos la boca.
Que se respete la Ley y todos seamos ciudadanos de una misma categoría, sin tener en cuenta el color, lugar de nacimiento y el ropaje que oculta las vergüenzas.
Que las personas desaparecidas vuelvan a sus casas, aunque no sea en Navidad.
Que la Libertad sea proclamada santa y patrona de los que sufren las condenas de las represiones.
Que el espíritu de Kioto se niegue a convertirse en sello roto por el ángel del Apocalipsis y haga que el aire, la tierra, el cielo y las aguas retornen al azul puro con el que se nos conoce más allá de los mundos.
Que las promesas de esperanza no caigan en saco roto, y nada detenga el progreso demandado por los pueblos, más allá de afiliaciones y credos.
Que no nos derrumbemos ningún día, aunque víctimas de los desahucios, durmamos en el inhóspito riesgo de los cajeros automáticos.
Que no nos falten los besos y las manos extendidas, y la valentía para no negar a la verdad ultrajada.
Que desaparezca, de una jodida vez, el poder de los bancos.
Que nadie cometa violencia de género y venza tentaciones engañosas de creerse, individualmente, república con corona de rey.
Que la juventud se niegue a ser negocio de mafias que, como a Pinocho, les lleven, transformados en asnos, a circos, verbenas o fábricas de hamburguesas.
Que La Higuerita continúe volando en nuestro corazón, uniéndonos en el cariño incondicional hacia nuestro pueblo.
Que todos los buenos deseos de cada uno de los isleños se cumplan, y seamos auténticos reflejos de esa, nuestra Perla que brilla en el mar.
Felicidades.
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